CHAVELA VARGAS

Publicado por: Adriana Andrade Losada En: RELATOS DE MUJERES En:

Por pura casualidad o porque ésta no existe, porque ya era hora o porque yo con un mando a distancia tengo los días contados, el caso es que en mis manos cayó este siniestro aparato por fin el viernes pasado. No recuerdo si lo cogí al vuelo mientras mis dos hijos se lo lanzaban en mitad de una pelea por ver Disney Channel uno o Bein Sports el otro, o quizá lo rescaté de debajo del sofá al agacharme a buscar algo. Hasta es posible que mi marido me lo ofreciera para elegir yo el qué ver, después de días enteros viendo Champions, liga, UEFA, campeonato de motos, Nadal, Euroliga de Basket e incluso en momentos de nula comunicación familiar, campeonatos de billar donde un público entregado aplaude cada vez que una bola entra por el agujero (al igual que en los casos anteriores la idea es meterla, pero no deja de sorprenderme que haya personas que vayan a ver una partida de billar, qué se yo, pero tengo una lista que tiende a infinito antes de elegir ver eso).

El caso es que nada más agarrarlo, el menú de mi tele inteligente me sugirió en primer lugar un documental sobre Chavela Vargas. Y justo en WTheFab andamos con la prenda de la semana Chavela, cuyo nombre proviene de la idea de poner a nuestra ropa, nombres de mujeres a las que admiramos. Recuerdo el día que terminamos de hacer todos los patrones, ya teníamos en la mano cada prenda, ya venía de lejos la idea de llamarlas con nombres de mujeres potentes. Y Carmen sacó el chaleco, y nos imaginamos a Chavela, no porque ella lo llevara, su símbolo era el poncho mejicano, sino porque era elegante, imponente y teatral como la Vargas.

Y dimos al play para ver aquel documental, no sé si por casualidad o por que el destino lo puso ante mis ojos. Y disfruté mucho, muchísimo, al descubrir a una mujer de la que solo sabía unas cuantas canciones y que era mejicana. Cuál fue mi asombro cuando me enteré que no era del país azteca, que no se llamaba Chavela y que no era una mujer feliz como las imágenes que a priori guardaba en mi memoria.

Nació en Costa Rica en 1919, su nombre al nacer era María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano. Sus padres nunca la quisieron y ese es el motivo por el que cantaba tan bien las penas: las propias y las de José Alfredo, las tuyas y las mías, las de las mujeres de Almodóvar y las de cualquiera que la haya escuchado. El desgarro de su voz es un lamento que llega como un dardo al corazón, es el grito del dolor profundo, el de las entrañas.

De su dolor nacen sus canciones, que por su boca se trasforman en quejidos hermosos, sin florituras, es por eso que el pueblo la amó. Puso voz al dolor del que no ha sido querido, a las almas rotas del desengaño, a las decepciones de la vida.

De ella quedan sus canciones de niña herida, cómo no serlo si los que te traen a la vida te desprecian, cualquiera en su piel tendría ese sufrimiento de soledad, que le acompañó toda la vida. Pero sólo ella la transformó en voz inmortal que perdura, aún se escucha su eco en la Sala Caracol, donde una segunda oportunidad en España le permitió volver a contar a un público entusiasmado quién era ella: “me llamo Chavela Vargas, no se les olvide”

Tuvo una vida que merece la pena contarse, como tan bien han hecho en el documental “Chavela” las cineastas Catherine Gund y Daresha Kyi. En él podemos ver escenas inéditas de su vida y a una Chavela que narra tranquila miles de anécdotas, que ya me hubiera gustado poder vivir en directo junto a ella. Nos cuenta cómo huye de su Costa Rica natal hacia Méjico, donde le esperaba su yo verdadero: se cambia el nombre, se viste con un poncho mejicano y se aferra a los escenarios donde deseó morir en sus últimas apariciones. Méjico la trató bien y mal, le dio oportunidades y se las quitó, pero ella amó a ese país quizás como a nadie nunca. La hipocresía de la sociedad mejicana de entonces le jugó una mala pasada, vale que una mujer cante con poncho, sin tacones y con la cara lavada, pero que no diga que es lesbiana, que no cante en los grandes teatros, los trapos sucios se limpian en casa. Finalmente su país de adopción reconoció su talento en sus últimos años, cantando en el gran Teatro Bellas Artes.

 

Existen habladurías varias sobre su existencia, otras las relata ella misma en “Chavela”hablando a la cámara con sus ojos enormes. Amó mucho pero me da la impresión de que más bien fue amada: por mujeres de altos cargos, por el amor de su vida la abogada Alicia Pérez Duarte, quien la llamaba La Señora y rompió con ella harta de su alcoholismo y sus arrebatos violentos, no era oro todo lo que relucía, comenta Pérez Duarte en la cinta.

La Señora era guapa, seductora e imponente, en una escena cuenta con su sonrisa pícara, cómo en su época dorada en Acapulco, en una fiesta de tantas donde el alcohol era su mejor amigo, fue ella quien amaneció por la mañana con Ava Gardner. Pensar que las mujeres más bellas del planeta caían a sus pies nos da una idea de su gran magnetismo y su magia. Era grande la Vargas y ella lo sabía.

Su orgullo de mujer lo mostró siendo la más macha entre los machos, cayendo al suelo tras litros de tequila y seduciendo a las mujeres que sus amigos hombres deseaban. Gran amante debió ser, muero por haberla conocido. Incluso la amó Frida Kalho de quien huyó Chavela buscando su libertad ansiada.

Queda en mi memoria su frase más dura, me cuesta digerirla pues hay demasiada verdad en lo que dice: "Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar, la soledad”. Sin embargo al final su público le devolvió el amor que ella nunca tuvo de niña, ese amor que si no lo recibes en tu infancia empiezas la vida con muchos pasos atrás. Pero ella dio pasos, pasos de giganta, de señora y de artista rotunda.

 A pesar de la soledad, el abandono y la inmensa tristeza, cantando, las penas duelen menos. Tal y como dijo ella: “si eres verdad al final te impones”. Qué bien que te impusiste Chavela, Adoro el brillo de tus ojos vida mía.

Chavela Vargas - "Adoro"

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