LA MUJER DEL ARTISTA

Publicado por: Adriana Andrade Losada En: RELATOS DE MUJERES En:

"...Ella le hablaba con una ternura que yo nunca había escuchado, mezclada con culpa, admiración y cierto cansancio. Nunca un grito, una mala palabra, nunca le colgaba el teléfono. Durante el viaje de una semana él la llamó unas 20 veces diarias, sin contar los mensajes de Whatsapp que se enviaban..."

LA MUJER DEL ARTISTA

Ayer me encontré después de muchos meses sin vernos a mi amiga Carola. La llamo amiga con todas las de la ley pues esa misma tarde pasó de ser una conocida a una amiga para siempre.

Yo andaba en un supermercado al que vamos todos los que no llegamos a fin de mes, en mi caso ni a la mitad, muy entretenida en leer las etiquetas de los productos que encontraba ya que si no haces esto los servicios sociales te quitan a tus hijos. Bueno, a lo que iba, estaba mirando los ingredientes de un yogurt griego sin gluten, mientras abría los ojos para entender ya no tanto la minúscula letra sino todos los ingredientes extra que lleva un yogur además de yogur , cuando de repente alguien dijo mi nombre con una voz familiar. Al levantar la mirada vi a una chica guapa pero desmejorada, con caratriste y ojos derrotados ¡Pero bueno Carola, cuánto tiempo! exclamé al verla.

Tras los dos besos de turno y mentirnos sobre lo iguales que estábamos después de dos años sin contacto, le pregunté por su vida. ¿Qué tal con Pablo? la última vez que os vi os habían ofrecido iros a vivir fuera. De repente Carola y sus grandes ojos azules se derrumbaron. No pudo evitar que dos lágrimas enormes cayeran por su rostro. Le cogí del brazo y le dije: tomemos algo fuera.

Nos sentamos en una terraza que había justo enfrente del mercado donde dejé abandonado el carro lleno de productos perjudiciales para mis hijos, no sé quées peor si dar a tus hijos unas galletas o insecticida, según las Instagramers súper conocedoras del cuerpo humano, cuando les das azúcar a tus hijos pequeños les estás envenenado. Así que voy por la vida como la bruja de Blanca nieves, ofreciendo en vez de manzanas galletas llenas de gluten y azúcar a mis retoñosy a los que no son míos.

Carola pidió una manzanilla, yo un café; aunque me hubiera pedido un Riojita joven que marida mejor para hablar con mujeres destrozadas. La manzanilla sin embargo la piden tres tipos de personas: las aburridas y claramente Carola no lo era, los enfermos del estómago y las personas que han dado tanto a la vida sin recibir nadaa cambio que les vale cualquier cosa. Parecía que mi amiga era de estas, en ningún momento comentó que le doliera nada.

Entonces dime, le animé ¿Qué te ha hecho ese soplapollas? Pablo era un artista muy reconocido en su campo, un niño prodigio que destacó desde pequeñito. Ella que también era artista y le había acompañado durante toda su carrera, abandonando la suya. Era su secretaria, su agencia de comunicación, su asistente personal, además de su cocinera, su limpiadora y su amante. Mujer Todo en uno. Él, un tipo déspota enamorado de sí mismo, le gritaba y regañaba cada vez que hacía algo que no era de su agrado. Yo presencié una conversación telefónica entre ellos en el viaje dónde nos conocimos. Si hubiera sido por mí le hubiera lanzado el teléfono por la ventanilla del coche en más de una ocasión.

Ella le hablaba con una ternura que yo nunca había escuchado, mezclada con culpa, admiración y cierto cansancio. Nunca un grito, una mala palabra, nunca le colgaba el teléfono. Durante el viaje de una semana él la llamó unas 20 veces diarias, sin contar los mensajes de Whatsapp que se enviaban. Yo la escuchaba teclear en la cama en la oscura habitación que compartíamos. Ese tecleo del móvil sonaba a amargura.

Me relató que la carrera de Pablo había subido como la espuma en los últimos meses.En parte gracias a la actividad en las redes sociales, que por supuesto ella se encargaba de llenar con fotos, videos y palabras hermosas. Escribía genial, con el mismo amor con el que le escribía los mensajes de móvil. Era una mujer que había dejado su vida de lado por dedicársela a otro. Hasta aquí todo bien, cada cual que haga lo que quiera, pero cuando me contó lo que había sucedido,me dieron ganas de disfrazarme de justiciera e ir a dar una hostia a ese idiota.

Me contó que después del éxito en las redes sociales habían llamado a Pablo para colaborar con otra artista de su gremio en Rusia. Él decidió que debía ir sólo ya que ella desde Madrid tenía que hacer muchas gestiones, se acercaba un evento muy importante donde Pablo mostraría su nuevo trabajo. Carola protestó un poco pues quería ir con él, no le gustaba estar tanto tiempo separados y además la artista con la que iba a colaborar no le daba muy buena espina.

Él la trató de loca y celosa, “no seas niñata nena, sólo tengo ojos para ti”. Y esa frase fue la última que pronunció antes de que los papeles del divorcio llegaran, mandara a un conocido a casa de ambos a por sus pertenencias y delegara en una agencia famosa el manejo de sus redes sociales. Todo esto lo hizo en menos de dos semanas, desde Rusia y sin amor. Con una frialdad impropia de un artista, una frialdad ajena al calor que ella siempre le había dado. Y ahora Carola me lo relataba como buenamente podía, con lágrimas en los ojos y un hipo que cortaba sus frases. Sin embargo estas frases ya no escondían ni amor, ni culpa ni tan siquiera cansancio. Sólo mantenía la admiración, esa quedaba intacta. Casi justificaba lo que había hecho por lo buen artista que era, el gran y reconocido talento que tenía.

Yo me quería ir corriendo, no entendía que una chica con tanto por dar pudiera pensar de esa manera, me irrité y le grité que fuera fuerte que se dejara de ñoñerías y que un buen artista también debería seruna buena persona.

Ella me miró y empezó a lanzarme nombres de artistas que han sido unos hijos de puta en su vida privada y uno genios en su profesión: Pablo Neruda, Woody Allen, Picasso… No pude hacer otra cosa que darle la razón, pero me costaba mucho admirar a alguien que abandonaba de esa forma a quien más le había querido.

Tras despedirme de mi nueva amiga con un largo abrazo y la certeza de que nos veríamos pronto, me prometí a mí misma una cosa: cuando admire a un artista haré todo lo que pueda para no saber nada de su vida, así me ahorro una decepción.

 

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