OXITOCINA EN VENA

Publicado por: Adriana Andrade Losada En: RELATOS DE MUJERES En:

 "Podía vivir toda su vida con el dolor de la separación, con los problemas que su hijo varón arrastraba desde el divorcio, incluso con los desajustes económicos derivados de que su matrimonio se hubiera ido a la mierda. Pero vivir provocando lástima no lo podía soportar ni un minuto"

OXITOCINA EN VENA

 Fue el otro día, estaba tomando un café por la mañana en el bar al que suelo ir después de dejar a los niños en clase. En la mesa de al lado, dos madres del colegio charlaban de sus asuntos. Iban vestidas para ir, o bien a un maratón, o lo que es más probable a clase de Pilates, seguramente con un profesor que les saca la sonrisa que sus maridos ya no son capaces de provocarles. Una desayunaba café con tres churros en los que había caído una lluvia de azúcar, la otra un té verde con sacarina.

 Cierto es que no suelen interesarme las conversaciones de los demás a esas horas de la mañana, pero mi oído izquierdo siempre alerta captó una frase que ahora me devuelve mi cerebro lleno spam: “Julio no te interesa, tiene demasiada vida interior, se le nota en la mirada ¿no lo ves? La tiene perdida como si estuviera pensando en otra cosa” le dijo a su compañera mientras removía el té con un palito y con la otra pasaba imágenes en la pantalla. “Lo que tienes que hacer es buscarte otro, en esta aplicación hay miles de hombres dispuestos a pasar un rato agradable contigo y encima, sin compromiso alguno” Su amiga comía churros sin parar, y no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar a su contertulia las virtudes de aquella aplicación del demonio.

Por lo que pude escuchar, se llamaba Marta, tenía dos mellizos y se había divorciado recientemente. Dese entonces había tratado de olvidarse de los cuernos que le había puesto su marido con una mujer veinte años menor que él. Tenía tres métodos para el olvido, que le recordaba continuamente la alarma de su móvil con la pantalla partida por la ira de su hijo.

Método uno: hacer Pilates de lunes a jueves. Según los entendidos, las endorfinas generadas al hacer ejercicio produce placer, con lo cual llevaba dos meses acudiendo a clases con Paula (la del té verde y sacarina). Le costaba un mundo ir a esas clases, sobre todo porque desde el primer día, la sonrisa que le devolvió el profesor al pagarle los cien euros que costaba el mes entero le pareció artificial y forzada, además para rematar, la miró con lástima. Podía vivir toda su vida con el dolor de la separación, con los problemas que su hijo varón arrastraba desde el divorcio, incluso con los desajustes económicos derivados de que su matrimonio se hubiera ido a la mierda. Pero vivir provocando lástima no lo podía soportar ni un minuto.

Método dos: En su alarma ponía la palabra “Coach” Sí, ella que nunca se prestó a ninguna terapia ni nada parecido, desde que su marido hizo las maletas había comenzado a acudir a una psicóloga que se hacía llamar Coach, a pesar de ser de Albacete y llamarse Nieves. Ella era quien le había recomendado ir a clases de Pilates y descargarse esa aplicación donde buscas hombres de tu ciudad afines a ti. Recordaba a Paula la vergüenza que pasó mirando las fotos de aquellos tipos, estaba sola en el sofá de su casa y aunque los niños durmieran no pudo evitar ruborizarse. A ella no le encajaba esta idea de conocer a alguien virtualmente y aunque su alarma le recordara diariamente que cotilleara perfiles, cada vez que lo hacía se sofocaba y nunca se animaba a escribir a ninguno.

 Método 3: Comida sana, nada de azúcar ni grasas, prohibido comer nada a partir de las 8 de la tarde.

 Ambas miraron los churros casi de color blanco tras haber vaciado dos azucarillos sobre ellos, se rieron al unísono.

Aquella conversación mañanera y gratuita fue una delicia para mí. Esa mañana también yo había necesitado mucha azúcar para comenzar mi lunes y aunque iba con prisa, decidí poner la antena, ya que esa charla entre mujeres era oro para mis oídos.

Lo que ellas hablaban me resultaba familiar y me dio mucha rabia no poder sentarme a su vera y contarles lo que suelo hacer cuando no sé por dónde tirar. Como todos los mortales, en mi vida me he metido en numerosos problemas, la mayoría de ellos los he ido dejando pasar pensando que solos se solucionarían. Sin embargo, se han ido haciendo bola hasta en varias ocasiones convertirlos en un embrollo lleno de nudos y recovecos imposibles de deshacer. En momentos de lucidez me he parado a pensar por qué no me detuve a tiempo y he seguido alimentando el enredo.

Un ejemplo simple es lo que me sucede con los auriculares: me encanta escuchar música a todo volumen en mi teléfono, cada día mis casquitos se enredan más y más hasta el punto que el izquierdo tiene el triple de cable que el derecho y cuando me los pongo tengo que torcer la cabeza hacia la izquierda, adquiriendo una pose absurda mientras camino, eso sí, con la música a tope. Mi cabeza ladeada me provoca dolor de cuello, además de una imagen de tonta del culo con miles de nudos colgando por mi cuello, incluso alguna vez por la boca. Vaya estampa ¿no? con lo sencillo que sería deshacer esos nudos y llevar el cable holgadito, sin parecer que tengo una parálisis en la cara o lo que es peor, en el cerebro. En cambio no lo hago, he llegado a comprarme unos nuevos con tal de no deshacer el nudo, siempre claro después de haber tratado a estirar el cable al máximo, comprobando que su elasticidad llega a un límite. Y esto es lo que hacemos con los problemas, los estiramos, los escondemos o los tiramos a la basura, hasta que son tan grandes que, o bien miramos para otro lado o bien nos bloqueamos y no sabemos cómo resolverlos. Cada uno tenemos nuestros propios métodos para enfrentar la vida, Marta tenía tres, y probablemente los de los demás puedan también contarse con los dedos de una mano, no por falta de inteligencia sino más bien por falta de práctica.

Aprendemos a manejarnos en la vida por imitación e instinto, los primeros peligros que enfrentamos desde pequeños y cómo los gestionamos resultan fundamentales para nuestra futuro: en una situación de peligro, pongamos por ejemplo que viene un serpiente en mitad de la jungla o que viene el jefe hacia nuestra mesa con la cara encendida, el ser humano reacciona con signos que nos alertan que algo no va bien. En el plano físico nos sudan las manos, nuestro corazón palpita con fuerza, se nos seca la boca; en lo psicológico nuestra mente comienza a buscar soluciones en el disco duro, comparando la situación actual con otras que tuvieron éxito, por ejemplo salir corriendo por que viene la serpiente o fingir un desmayo por que viene el jefe. El proceso es mucho más complejo que esto pero lo que quiero resaltar y lo que realmente me apasiona es que nuestro cuerpo cuando tenemos miedo empieza a segregar oxitocina, una hormona que entre otras cosas (a las embarazadas les sonará) es la hormona del Abrazo. Y es aquí donde quería llegar: cuando los humanos tenemos problemas nuestro organismo de forma natural genera una sustancia que nos empuja a acercarnos a otros ¿No es impresionante? Nuestra naturaleza está diseñada para juntarnos a los nuestros cuando sentimos peligro. Con lo cual parece que una solución sana es dejarnos llevar por nuestros instintos y tratar de solucionar nuestros problemas pidiendo ayuda a los demás.

Desde que conocí las grandes ventajas de la oxitocina trato de resolver mis tremendos líos con la ayuda de mi gente. Menos métodos de olvido y más piel. Aunque debo aclarar que no me opongo ni al Pilates, ni a las dietas, ni a los coach, aunque sí un poco a los cupidos virtuales.

Me dieron ganas de decirle a mi vecina de desayuno que iba por buen camino, que estaba haciendo lo mejor que podía hacer ante los problemas: sentarse con una amiga de verdad a que te escuche. Preferí no hacerlo ya que me iban a tratar o bien de cotilla o bien de tarada. Sin embargo no pude evitar al irme dejarles pagadas dos rondas más de churros, le pedí a la camarera que escogiera los más grasientos y por supuesto que fueran acompañados por el azucarero entero. Deseé que ese día en vez de a Pilates Marta y Paula fueran a la farmacia, y pidieran en el mostrador “Oxitocina en vena, LO MEJOR PARA LAS PENAS”.

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